Características y cuidados de una estufa de laboratorio

La estufa de laboratorio es un equipo empleado para secar y esterilizar recipientes de vidrio y metal. Existen básicamente dos tipos de estufa: las que operan m
La estufa de laboratorio es un equipo empleado para secar y esterilizar recipientes de vidrio y metal. Existen básicamente dos tipos de estufa: las que operan mediante convección natural y las que operan mediante convección forzada.
Las estufas están compuestas por dos cámaras: una interna y una externa. La cámara externa está fabricada en lámina de acero, recubierta con una película protectora de pintura electrostática. La cámara interna por lo general está fabricada en aluminio o en material inoxidable para transmitir mejor el calor; posee un conjunto de estantes o anaqueles fabricados en alambre de acero inoxidable, para que el aire circule libremente, allí se colocan los elementos que requieren ser secados o esterilizados mediante calor seco. Se encuentra aislada de la cámara externa por un material aislante que mantiene internamente las condiciones de alta temperatura y retarda la transferencia de calor al exterior.
La estufa posee una puerta metálica que también dispone de su aislamiento térmico y está provista de una manija fabricada igualmente en material aislante, lo que evita que el calor del interior llegue a ser una amenaza para las manos del operador. La puerta está colocada sobre la parte frontal del cuerpo de la estufa, mediante un conjunto de bisagras que permiten su apertura logrando ángulos hasta de 180°.
La estufa moderna se controla mediante un módulo con microprocesadores desde el cual es posible seleccionar los parámetros de operación del equipo y sus alarmas, y programar la realización de ciclos o procesos térmicos, mediante los cuales se controlan no solo las temperaturas, sino también la forma como las mismas deben variar en el tiempo, a través de fases o etapas de calentamiento/enfriamiento –natural– o sostenimiento de la temperatura dentro de ciertos límites de tiempo. Las estufas operan normalmente desde condiciones de temperatura ambiente hasta los 350 °C.
El calor interno es generado mediante conjuntos de resistencias eléctricas, que transfieren la energía térmica a la cámara interna. Dichas resistencias se ubican en la parte inferior de la estufa. El calor dentro de la cámara interna se transfiere y distribuye mediante convección natural o convección forzada (estufa con ventiladores internos).